A tiro limpio

“Las personas no cambian. Son las cosas las que cambian.”

La espuma de los días

Boris Vian

 

Hace poco estaba navegando por Facebook cuando me encontré con una publicación sobre Boris Vian. Un chico de Letras Hispánicas de la UNAM, pero de semestres anteriores, preguntaba si en realidad Vernon Sullivan (heterónimo de Boris Vian) escribía tan feo o era sólo un error de traducción por parte de la editorial. La mayoría de los que respondían se dedicaba a criticar sin siquiera argumentar, dando como resultado una paupérrima opinión entorno a la obra de Vian. Si bien no soy de la idea de crear polémica en las redes sociales, ya que es desgastante, tedioso y en la mayoría de los casos se termina por odiar a tipos desconocidos, en esta ocasión tenía que defender a un novelista, poeta, dramaturgo, ingeniero, músico de jazz, compositor, locutor, traductor, patafísico y multifacético que ocupa un lugar privilegiado entre mi biblioteca.

     Mi pasión por Boris comenzó desde Con las mujeres no hay manera, obra policiaca que narra la persecución de una peculiar banda criminal de traficantes de droga por parte de dos hermanos convertidos en detectives. Después, llegó a mis manos A tiro limpio, su primera novela, con una prosa rocambolesca y una trama detectivesca en la que un par amigos (a los que luego se les unirán otros dos) buscan resolver el misterio que está detrás del robo del “barbarón bífido”. El gusto por Boris Vian cerró su ciclo con el regalo de cumpleaños pasado que me dio mi novia: La hierba roja. Lo hizo como retribución por haberle obsequiado antes mi único ejemplar de La espuma de los días. Se lo di por una razón en particular, es “la más desgarradora novela de amor contemporánea”, —dijo Raymond Queneau en alguna ocasión— que he leído, además de ser una de las obras más trepidantes y representativas del siglo XX.

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     En La espuma de los días, Boris Vian cuenta una historia cercana a lo surreal, en donde existen en un universo peculiar Colin y Chloé, Chick y Alise, y Nicolas e Isis, parejas jóvenes de amigos que comparten las más locas y extravagantes aventuras, como ir a patinar a una piscina de invierno en donde hay hombres con cabezas de palomas.

     La novela gira en torno a la figura de Colin, un muchacho con una una considerable fortuna que le permite vivir de forma decente, sin la necesidad de trabajar, y de esta manera poder tocar su pianóctel. Otro personaje importante es el mejor amigo, de Colin, Chick, quien es un ingeniero más pobre que los propios obreros que dirige y que está obsesionado con el filósofo Jean Sol Partre —juego de palabras para Jean Paul Sartre—. Además de Nicolás, el nuevo cocinero de Colin, quien se enamora pronto de Isis (amiga de Colin). Mientras que su relación con los otros personajes está dada por el parentesco familiar con la novia de Chick, Alise.  

     La trama empieza cuando Chick le cuenta a Colin que tiene una novia de nombre Alise. Colin de inmediato siente celos por su amigo y decide tener una novia también. Así que aprovecha la fiesta que hace Isis para conocer y enamorar a Chloé —nombre que hace referencia a una canción de jazz de Duke Ellington—. Desde este noviazgo no pasa mucho para Collin le pida matrimonio. Sin embargo, en su luna de miel, Chloé enferma de manera grave por un nenúfar que empieza a crecer en su interior y muere. Tras la algarabía de la boda, un manto de melancolía se postra sobre cada uno de los personajes volviéndolos lúgubres de una manera progresiva. Con un estilo lúdico, pero a la vez original, y una prosa impredecible con un gran manejo del lenguaje tan tierno y poético como desgarrador es como Boris traza la parábola de la vida: el amor y la muerte.

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    Dice Breton en su primer Manifiesto surrealista: “Los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta les induce a quebrantar ciertas reglas, reglas cuya transgresión definen la calidad de un loco…”, como la gran mayoría de los personajes de La espuma de los días, y de las otras obras arriba mencionadas, que sólo una mente como la de Boris sería capaz de concebir.

     Sé que Boris Vian no es para todos los gustos, y Vernon Sullivan menos, ya que muchos de los que acceden por primera vez a su obra se equivocan al pensar que están frente a un disparate irracional, o quizá se deba a los excesos machistas y homofóbicos, o por el ansia de una provocación constante al status quo que sigue causando ardor, diarrea verbal e insomnio a los lectores políticamente correctos. Sin embargo, puedo asegurar que Con las mujeres no hay manera y por eso a veces digo Que se mueran los feos porque si no Escupiré sobre vuestra tumbas, las cuales estarán rodeadas por La hierba roja; y si no, les propondré A tiro limpio que nos veamos pronto para usar El arrancacorazones, en El otoño en Pekin, ya que a mí me gusta vivir La espuma de los días al ser El lobo-hombre más joven de la manada. Es decir, una y otra vez seguiré disfrutando las obras de tan buen escritor porque la existencia al final no importa, ésa siempre la encuentras en otra parte.

9788491040460

Atzin Nieto

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