Descubrimientos médicos casuales: LSD

¿Te has preguntado cómo se inventó la droga sintética más famosa de los años sesenta? Royston M. Roberts te lo cuenta en su libro Serendipia. Descubrimientos accidentales de la ciencia. Te lo compartimos:

LSD uno

El descubrimiento de la sustancia alucinógena de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) es uno de los más espantosos acontecimientos registrados a lo largo de la historia médica.

       El LSD es un derivado del ácido lisérgico, el cual en sí mismo no es un alucinógeno. El ácido lisérgico surge conjuntamente con un gran número de alcaloides venenosos en el cornezuelo, un hongo que a menudo se forma en el centeno en el campo durante una estación particularmente húmeda. Durante siglos este hongo infectó a numerosas personas, desde España hasta Rusia, las cuales, por ignorancia o por hambre, comían el pan cocido con la harina del centeno contaminado. La gangrena de las extremidades era el resultado de la extrema constricción de los vasos sanguíneos. El mal fue llamado “fuego de San Antonio” porque las víctimas tenían la terrible sensación de que su piel estaba quemándose, sus ennegrecidos dedos de las manos y de los pies parecían carbonizados y buscaban consuelo en el santuario de San Antonio. Hay evidencia de que la ingesta de la harina de centeno deteriorada durante la Edad Media ocasionó abortos, perturbaciones visuales y aberraciones mentales que terminaban en epidemias de locura. Estos síntomas fueron probablemente originados por sobredosis de los alcaloides del cornezuelo venenoso en combinación con la histeria que generó más que por el ácido lisérgico mismo.

      No fue hasta que Albert Hofmann, un químico suizo empleado por los laboratorios Sandoz de Basilea, acopló sintéticamente el grupo de la dietilamida cuando el ácido adquirió sus alucinantes propiedades. Hofmann estuvo estudiando el ácido lisérgico y otros compuestos relacionados con la esperanza de desarrollar un fármaco para tratar las migrañas (dolores de cabeza) o para controlar la pérdida de sangre después del nacimiento de un niño. El siguiente informa de su experiencia en esta investigación es tomado del diario del propio Hormann, tal como se relata en The Beyond Within: LSD Story (1970), del doctor Sidney Cohen:

El último viernes, el 16 de abril [1938], había dejado mi trabajo e iba a casa, pues me hallaba extrañamente desasosegado y mareado. Una vez allí, me tumbé y me hundí en un no desagradable delirio que estaba marcado por un grado extremo de fantasía. En una especie de trance con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente intensa), unas visiones fantásticas de extraodinaria viveza acompañadas por un juego caleidoscópico de intenso colorido se arremolinaban continuamente a mi alrededor. Después de dos horas, este estado disminuyó.

       Hofmann sospechó que sus extraordinarias sensaciones podían ser debidas al hecho de haber tragado o inhalar accidentalmente una minúscula cantidad de algún compuesto químico en el laboratorio. Su informe continuaba diciendo:

       No obstante, ese viernes las únicas sustancias especiales con las que había estado en contacto eran el ácido D-lisérgico y la dietilamida del ácido isolisérgico. Había estado probando distintos métodos de purificación de estos isómeros por condensación y también el análisis en sus componentes. En un experimento preliminar tuve éxito al producir unos poco miligramos de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) como un cristal fácilmente soluble en la forma de un tartarato neutro [una sal formada a partir del LSD y del ácido tartárico]. Me resultaba inconcebible que pudiera haber absorbido lo suficiente de esta materia como para producir el estado descrito arriba. Además, los propios síntomas no parecen estar relacionados con aquellos del grupo de las ergotaminas y ergonominas [son derivados del cornezuelo de centeno]. Estuve determinado a comprobar la situación y decidí experimentar sobre mí mismo con la cristalina detilamida del ácido lisérgico. Si este material era realmente la causa, debería ser activa en cantidades mínimas, y decidí comenzar con una cantidad extremadamente pequeña que siguiese produciendo algún efecto en cantidades equivalentes de ergotaminas o de ergonominas.

Hormann tomó por tanto 250 microgramos [0, 00025 gramos] de dietilamida de ácido lisérgico. Después de cuarenta minutos observó un “mareo suave, desasosiego, incapacidad de concentración, perturbaciones visuales y risa incontrolable”. En este punto las notas de su diario de laboratorio se terminan y las últimas palabras fueron escritas solo con la mayor dificultad. Continuó su informe más tarde:

Le pedí a mi ayudante de laboratorio que me acompañase a casa, pues asumí que la situación progresaría de manera similar a la del pasado viernes. Pero de camino a casa (un viaje de seis kilómetros en bicicleta, no habiendo otro vehículo disponible debido a la guerra), los síntomas se desarrollaron con una intensidad mucho mayor que la primera vez. Tuve enormes dificultades para hablar coherentemente y mi campo visual fluctuaba y era distorsionado como los reflejos de un espejo de un parque de atracciones. También había tenido la impresión de que difícilmente me estaba moviendo, aunque después me contó mi ayudante que había pedaleado a un ritmo rápido.

      En la medida en que puedo recordar, la intensidad de la crisis había pasado cuando llegó el médico; se había caracterizado por estos síntomas: mareo, distorsiones visuales, las caras de los que estaban presentes aparecían como grotescas máscaras coloreadas, fuerte agitación alternando con paresias [parálisis parciales], la cabeza, el cuerpo y las extremidades a veces se enfriaban y entumecían, un sabor metálico en la lengua, garganta reseca y apergaminada, una sensación de sofoco, confusión alternando con una clara apreciación de la situación; en ocasiones me veía fuera de mí mismo como un observador neutral y escuchándome murmurar una jerigonza o vociferando medio loco.

      El médico encontró el pulso débil, aunque con una circulación normal. Seis horas después de tomar la droga mi estado había mejorado definitivamente.

      Las distorsiones perceptivas estaban todavía presentes. Todas las cosas me parecían onduladas, y sus proporciones estaban distorsionadas como lo reflejado en una superficie de agua agitada. Todas la cosas cambiaban de manera desagradable, predominantemente en horribles tonos de color verde y azul. Con los ojos cerrados se metamorfoseaban imágenes fantásticas multicolores que me arrollaban. Me fijé especialmente en el hecho de que los sonidos eran transducidos en sensaciones visuales, de tal forma que de cada tono o ruido evocaba una imagen coloreada comparable, cambiando en forma y color caleidoscópicamente.

      Tras un buen descanso nocturno, Hofmann se sintió “completamente bien, pero cansado”. La ingestión accidental del LSD por este químico perspicaz inició una cadena de investigación de las alteraciones mentales inducidas químcicamente que se extendió por todos los centros de investigación psiquiátrica.

La importancia del descubrimiento de Hofmann no es que el LSD tenga alguna relación química directa con un mal como la esquizofrenia, pues 9788420676203 (1)su estructura difícilmente puede esperar ser sintetizada por el organismo humano. El descubrimiento del LSD tiene otras implicaciones significativas; demuestra que sustancias químicas en cantidades extremadamente diminutas pueden inducir distorsiones mentales que recuerdan las que suceden habitualmente en las psicosis. Ha estimulado el interés por la química del sistema nervioso, especialmente de los transmisores químicos a través de las sinapsis, las conexiones de las células nerviosas, y permite el estudio de laboratorio de ambos procesos mentales: los normales y los anormales.

      Aunque se han sintetizado muchos derivados del ácido lisérgico con actividad alucinógena, ninguno es tan potente como el LSD. Se ha descubierto que algunos grupos químicos completamente nuevos no relacionados también poseen propiedades psíquicas similares. Algún día la química de las enfermedades mentales podría aclararse, en parte, gracias a la experiencia serendípica y terrorífica de Albert Hofmann.

Posdata:

      Debido a que se abusó del LSD con tan serias consecuencias, los laboratorios Sandoz suspendieron la producción de la droga en 1966 y entregaron todos los suministros al Instituto Nacional de Salud Mental.

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