Cumbres Borrascosas o De cuando el amor se vuelve (demasiado) humano.

El mundo de las letras está plagado de historias de amor, siendo, quizás, la temática favorita de los lectores empedernidos. Desde las líneas más cursis y empalagosas hasta más desgarradoras, el romance en la literatura es por demás recurrente. Y no lo digo en tono quejoso, al contrario, soy también de aquellos que prefieren las novelas de amor a cualquier otro subgénero literario, sobre todo cuando de narraciones lacerantes se trata.

Y por este motivo hablaremos hoy de Cumbre Borrascosas de Emily Brontë (1818-1848), obra clave para el romanticismo inglés: El pequeño Heathcliff, un muchacho pobre de las calles de Liverpool, ha llegado a la villa Cumbres Borrascosas, en la campiña de Yorkshire, con el señor Earnshaw como su protector, quien tiene dos hijos, Hindley y Catherine.

Los Earnshaw nunca aceptaron a Heatcliff, llegando a someterlo a constantes humillaciones, excepto por Catherine que termina enamorándose de él. Pero poco durará el idilio pues han llegado nuevos inquilinos a la vecina Granja de los Tordos: la familia Lindon.

Los personajes sorprenden por su realidad, no hay héroes y villanos, se trata de gente de verdad con toda la complejidad que esto implica. Heatcliff y Catherine se aman, pero se hacen daño: Ella por los prejuicios sociales que le han sido inculcados, y él, por el resentimiento y las ganas que tiene de vengarse de todos aquellos que lo han sobajado.

El recurso para la narración que utiliza Brontë es también destacado, pues utiliza al personaje de la señora Dean, encargada del servicio de la Granja de los Tordos, para contarnos las aflicciones que los Earnshaw y los Lindon han pasado. Ella conoce el desenlace de la historia, y nos mantiene en ascuas a lo largo de todo el libro lo cual le da un punto extra de emoción.

Así que si estás buscando una historia desgarradora, llena de romance, traición, celos, venganza, y, sobre todo, amor, Cumbres Borrascosas es, sin duda alguna, una opción extraordinaria para ti.

Por Rodrigo Tamés

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