El cuerpo del deseo en Amado Nervo

 

Habítame, penétrame.

Sea tu sangre una como mi sangre.

Tu boca entre a mi boca.

Oración, Juan Gelman

Amado Nervo escribió una novela corta llamada Pascual Aguilera en 1892. Se trata de una exaltación al deseo humano y a las bajas pasiones. Debido a la época causó emociones encontradas entre los lectores por la temática abordada. Por una parte, como el mismo texto lo dice, es un cuadro de costumbres regionales, una historia situada en el campo, con personajes campesinos; por el otro lado, la novela tiene un matiz erótico que poco a poco va enganchando y excitando al lector.

           Quizá lo más interesante de Pascual Aguilera son las descripciones sobre los personajes, ya que no son sólo físicas como en otras obras, sino que sus acciones dicen mucho de ellos. Esto se puede notar en los núcleos narrativos, en donde las acciones están motivadas por un deseo carnal, sexual. Bien dice Bataille que el hombre continuamente busca fuera de sí un objeto de deseo, pero que es exclusivo del hombre; mientras que la sexualidad es más animalesca y suele considerarse un desequilibrio en el hombre.

       Esto, de algún modo, nos permite aventurarnos a decir cuál fue la intención de Nervo por presentar personajes que desde nuestra perspectiva parecen “animalizados”. Por ejemplo: Pascual es un hombre que se dedica a las actividades del campo; así que al crearlo como un personaje con una libido en auge y hacendoso en su trabajo, se asemeja mucho a un toro. A Refugio, por otra parte, Nervo le da cualidades que podrían catalogarla como una gata: su contoneo, su provocación y la curiosidad que desarrolla a lo largo de la novela.  Asimismo, Santiago, sería  un caballo, como extensión de su vigor como vaquero.

nervouno (1)

        Así, el objeto de deseo de Pascual es Refugio, pero éste responde a un instinto animal de poseerla sólo porque sí, pues sus razones son instintivas. Santiago se opone a esta unión y, de algún modo, él es quien verdaderamente doma a Refugio. Su papel de vaquero le permite imponerse frente a Pascual, ya que éste sabe que no se puede acercar a ella y mucho menos tenerla.

          Hay que destacar que en ese momento la religión no permitía hablar de  temas eróticos, en gran medida gracias a la negación del cuerpo y sus placeres por parte del dogma cristiano. Si el cuerpo es el templo de Dios, todos los placeres carnales le están prohibidos.

          Así que aquí es cuando Doña Francisca (la madrastra de Pascual) merece una mención, pues su caracterización es la menos animal de los personajes, pues está más inclinada al lado religioso. Esta mujer conservadora y creyente no es descrita por sus acciones, sino por su nombre. Dice Pimentel que los nombres propios suelen dar atributos a los personajes; así, Doña Francisca, desde lo eclesiástico, se relaciona con un personaje, pero del imaginario cristiano: San Francisco de Asís, justamente el patrono de los animales

     Del mismo modo, los nombres Pascual, Refugio y Santiago tienen su propia carga semántica, lo cual refuerza sus características animalescas: Pascual se relaciona con la Pascua, época posterior a la Cuaresma, en la cual según la religión católica se exige el ayuno. Paradójico es que el personaje no pueda obtener la carne que su mismo nombre le exige. Su hambre hacia el sexo opuesto siempre está limitada por Santiago y poco o nada puede hacer para saciarla.

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      Así, el nombre Santiago halla su origen en el apóstol Santiago, santo que se dedicó a la predicación del evangelio y su figura fue usada como uno de los símbolos de la conquista contra el Islam; de tal manera que este personaje se llena de una característica más: la lucha y el sometimiento. Santiago pelea oponiéndose a los deseos de Pascual y busca la victoria en el amor de Refugio. Por último, Refugio, quien en el nombre lleva la penitencia, sólo es el lugar de acogida y amparo de Santiago y, en ocasiones, la desazón de Pascual.

        Como ves, el cuerpo es uno de los elementos importantes para tomar en cuenta cuando se lee a Amado Nervo. A veces, el cuerpo dice más que mil palabras y si son animales, mucho más.

Por Ilse Castillo

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