El único Raymond que leo se apellida Chandler

“Hay lugares en donde no se odia a la Policía, comisario.

Pero en esos lugares usted no sería policía.”

El largo adiós

Raymond Chandler.

La primera novela que leí del género negro fue Tristezas de Bay City por allá del 2013. Si no mal recuerdo, mi difunto padre la compró en el año de 1999; sin embargo, el libro al igual que las mujeres en esa época, no me despertaban mayor interés y pronto me olvidé del asunto.

Años más tarde, cuando terminé de leer El largo adiós, curiosamente salía con una federal y en ese momento estaba pasando un fin de semana en su casa de verano. Sin pensarlo dos veces, le dije que al único Raymond que yo leía se apellidaba Chandler y que nadie en el mundo me haría cambiar de opinión. Ella se puso seria y dejó de preparar el desayuno, para espetarme que por qué decía tales cosas.

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¡Cómo podía atreverme a argüir que el mejor Raymond se apellidaba Chandler! Su queridísimo Carver había escrito los mejores cuentos, contraargumentaba ella. Me levanté de golpe, con el ejemplar de Chandler aún en mis manos, para caminar hasta donde ella seguía fulminándome con su mirada.

La besé en los labios y segundos después le dije de manera amorosa: “Aún no ha nacido otro detective como este Phillip Marlowe; si no me crees, te apuesto lo que quieras, pero antes tienes que leer la novela”. Al sentirse tentada por apostar, pero sobre todo por humillarme y ganar cualquier cosa, aceptó.

Debo decir que en el fondo me sentía mal por ella, ya que por extrañas razones yo siempre gano cuando de apuestas se trata, también sabía que la suerte en esa ocasión en particular estaba de mi lado, ya que tarde o temprano mi querida compañera terminaría deseando más al detective de los Ángeles que a mí, justo cuando llegó a esta parte:

Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. […] He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien. […] Cuando acaben conmigo en un callejón oscuro […] nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo.

A pesar de parecer una historia sencilla, la cosa se va complicando conforme avanzan las páginas. Jamás deja de ser interesante, sino todo lo contrario: al ir descubriendo la vida del señor Lennox, que harto de consentir los caprichos y pasar por alto las aventuras sexuales de su rica y hermosa mujer, decide matarla. Por ende, tiene que escapar hasta un pueblecito mexicano en donde al sentirse acorralado termina por suicidarse.

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Sin embargo, Marlowe conocía a Terry Lennox quien era su único amigo de tragos, e intuía que algo no encajaba en la versión que la policía manejaba, ya que había demasiada gente influyente dispuesta a interpretar el caso a su manera y mantener alejados a los sabuesos como Phillip. Las soluciones al enigma caen una tras otra hasta llegar a la verdad, tan demoledora como sorprendente.

Dice Ricardo Piglia que El largo adiós es definitivamente la obra maestra de Chandler y que marca un antes y un después dentro del género negro. Tiene sus razones: la novela tiene la dosis exacta para ser una obra clásica dentro de la literatura del siglo XX, con un poco de todo: desde la mujer pasiva que termina por convertirse en una femme fatale, policías corruptos, matones arrogantes, humor negro, muerte, violencia, sexo y, por supuesto, al inolvidable Phillip Marlowe.

Días más tarde, recibí un mensaje en mi celular en donde mi querida exmujer no me bajaba de macho arrogante, hombre cínico y de intelectual mamón, pero me agradecía por poner en su manos El largo adiós. Ahora era una más de las amantes del buen Marlowe.  Nunca volví a verla, pero al amigo Marlowe, a él sí no sé cómo decirle adiós.                                                                                                        

 Atzin Nieto  

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