Kafka, Cortázar y los juicios a inocentes

Alguien debe haber estado diciendo mentiras acerca de Joseph K,

pues sin haber hecho nada malo lo arrestaron una linda mañana.

El proceso

Franz Kafka

Fue un jueves de agosto de hace dos años cuando mi exnovia Verónica desapareció de mi vida sin dejar nota alguna. Pensé que todo iba de maravilla, y que las canciones con rimas forzadas, las cenas románticas en casa o las noches de películas eran suficientes para mantener una relación. Sin embargo, de algún modo y con el paso del tiempo me fui sintiendo más y más culpable sin siquiera saber el porqué.

          Durante las noches de soledad en las que acariciaba su recuerdo, encontré a Kafka en la vieja biblioteca de mi padre y gracias al cual conocí al curioso señor K y su historia dentro de El proceso.

el proceso uno

         En su Clases de literatura en Berkeley, Julio Cortázar menciona la gran influencia que Franz Kafka tuvo en él como escritor. Hace hincapié sobre todo en la novela El proceso y el estilo que maneja el autor checo, quien fuera uno de los mejores novelistas de la primera mitad del siglo XX —comparable con plumas como la de Bruno Schulz y Witold Gombrowicz—. Cabe resaltar que Cortázar explica con lujo de detalle la trama El proceso y deja en claro cómo la manipulación psicológica (un ejemplo bastante obvio es el señor K) puede llegar a tal grado, que propicia la muerte como única solución posible.

         Es resaltable la sutileza que maneja Kafka dentro de su escritura que, a manera de thriller policiaco, le da forma a su alter ego Josep K. Con una prosa sencilla logra construir la trama de cuando un hombre es sometido a un juicio y cómo la moral burguesa puede ver en él a un culpable aunque sea inocente. La justicia divina, por otro lado, enfrenta a la naturaleza humana, misma que resulta a veces monstruosamente injusta.

       Entonces: ¿Quién puede juzgar al hombre? ¿Quién lo podrá absolver o condenar? ¿Será acaso su propia conciencia? Éstas son algunas de las interrogantes que se plantea Kafka y que busca desentrañar a lo largo de El proceso.

        Para ello se coloca él mismo frente a un tribunal y hace un breve repaso de su propia vida. Sin embargo, Kafka va más allá: a través de sí mismo enjuicia a todos, al mundo entero, al pasado, al presente y al futuro de la humanidad, pero sobre todo, reta al lector a ahondar en los más recónditos pliegues de su propia conciencia para conocerse y encontrar la explicación, así como el sentido de la propia existencia.

el proceso       Para todos parecería totalmente absurdo condenar a alguien, al grado de no darle siquiera un motivo por el cual se le lleva ante un juicio. Para K también es un sinsentido, pero sabe que alguien tiene que pagar por ese crimen. Hay casos en que la ficción pasa a un segundo plano y se fabrican presuntos culpables, atormentándolos con n cantidad de métodos para hacerles creer que en realidad cometieron cada uno de los cargos que se le increpan.

    Por ejemplo, en Rusia, donde se sigue condenando a los homosexuales, el agobio es tanto que terminan por suicidarse; lo interesante es preguntarse si ellos tuvieron la culpa de nacer con esta preferencia.

      Tal vez mi depresión amorosa habría sido la misma de no haber leído a Kafka aquella tarde. Quizá sólo se deba a que las rupturas son juicios en los cuales se nos acusa de cosas que desconocemos; procesos largos que nos obligan a rememorar nuestras acciones. No obstante, habría sido bastante aburrida y hasta la fecha seguiría haciéndome preguntas sin respuesta, pero ahora me doy cuenta de que, a veces, uno tiene que llevar ese proceso solo, hasta llegar a las últimas consecuencias. Eso sí, siempre con un libro de Franz Kafka bajo el brazo.

Atzin Nieto

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