La famosos y trágicos días de Ernest Hemingway

Quizá te suene el nombre de Ernest Hemingway y es que desde el siglo pasado su obra se ha convertido en un referente indiscutible de la Literatura Universal. Su fama se debe en gran medida al estilo sombrío y minimalista que plasmó en sus libros y que miles de lectores prontamente reconocieron su estilo lleno de una vitalidad avasalladora, muy de la Generación Perdida.  Fue precisamente esto lo que lo hizo ganar el Premio Nobel en 1954, a tan sólo un año después de obtener el Premio Pulitzer por El viejo y el mar.

      Por si fuera poco, Hemingway no sólo fungió como escritor profesional de cuentos, novelas y ensayos, también lo hizo como un gran periodista. Muestra de ello son sus textos sobre dos guerras trascendentales para la historia universal: la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.

      Además, por su tan peculiar estilo de vida, logró llamar la atención del medio cultural que lo asediaba en su casa de Cuba o Florida para preguntarle sobre sus constantes aventuras y viajes, los cuatro matrimonios y tres divorcios que vivió con Hadley Richardson, Pauline Pfeiffer, Martha Gellhorn y Mary Welsh, o para adentrarse en los secretos y procesos de su escritura.

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     Tal vez la gran calidad en la escritura de Hemingway estuvo influida por su cercanía con la muerte. En la Primera Guerra Mundial fue chofer de una ambulancia y resultó gravemente herido en una pierna; de hecho, casi la pierde. Esta experiencia bélica la plasmaría posteriormente en su novela Adiós a las Armas. Por otro lado, su trabajo como corresponsal en la Guerra Civil Española se ve reflejada en la novela Por quién doblan las campanas.

     Sobre su estilo, el también ganador del Premio Nobel, Gabriel García Márquez, señala que “En sus cuentos y novelas, (…) sus personajes eran heroicos solamente en función de su temeridad y su valor físico”. Aunque cabe señalar que no sólo en los terrenos donde la fuerza y la tenacidad importan sus personajes tienden a ser entrañables por su fuerza o su carácter;  pues de igual manera estas cualidades pueden observarse en espacios más amables como en el acto amatorio entre dos personas sobre el pasto de un amplio prado por la tarde.

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     Hemingway usó la prosa como una herramienta para evocar imágenes contundentes sin caer en lo cursi de cierta poesía romántica o en lo vulgar de la descripción gráfica.  Cada palabra pesa lo suficiente para no interrumpir el ágil ritmo que nos ofrece de inicio a fin pero ofreciendo golpes narrativos tan contundentes que desbordan a su lector. Algo así como un pugilista literario.

     No obstante, en los últimos años de su vida, Ernest Hemingway prefirió ir en contra de todo lo que alguna vez escribió y pensó sobre sus personajes. Digno del final de una tragedia, con un disparo de su escopeta culminó su vida con un impredecible pero contundente suicidio.

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Por Eduardo Guerra

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