Melibea, una feminista adelantada a su tiempo

Es bien sabido que las mujeres han tenido un papel minúsculo en la literatura, ya sea como personajes o como autoras (si no nos crees, entonces tienes que leer AQUÍ), pero hubo un libro que desafió todo lo establecido en la época. Hablamos de La Celestina, una obra escrita en la transición del Medioevo al Renacimiento, por allá del siglo XV.

     Se trata de una tragicomedia (un formato que mezcla ambos género teatrales) de un par de enamorados, escrito por Fernando de Rojas —o eso se presume, pero ésa es otra historia que después te contaremos—. Melibea y Calisto son unos  muchachos que, como muchos, están en la edad donde la hormona se alborota, pero no todo es tan fácil ni tan común como parece. Calisto es de la clase alta y tiene deberes de la época, que básicamente es cumplir en las armas y ser buen mozo. Un día ve a Melibea y se enamora; eso sí, aquí no hay nada de amor a primera vista. De hecho, ella lo rechaza de inmediato y Calisto va a lamentar su pena con un criado suyo.

celestina uno

      Sempronio, el criado, le aconseja que vaya con una alcahueta llamada Celestina. Es la primera vez que una mujer que es hereje, bruja, proxeneta y voyerista es la protagonista de una historia, y ¡en pleno siglo XV! Sí, todo eso es Celestina y, por supuesto, acepta a convencer a Melibea para que se deje… amar por Calisto.

      Hasta aquí, ¿qué tiene de feminista Melibea? Para empezar, el rechazo a Calisto es más que una introducción al problema. Es cierto que las mujeres en la Edad Media solían rechazar a sus pretendientes, pero aquí es más marcada la decisión personal y no sólo porque una mujer no debe aceptar a la primera, como era costumbre en esa época. Es decir, en Melibea se ve un razonamiento de su cuerpo y de su amor.

     Celestina logra convencer a la muchacha y ella responde al mozo rico. Al ser una bruja no tuvo mucho problema en realidad. Hace un conjuro llamando a Plutón, el dios del inframundo, para hechizar un listón de Melibea, se lo entrega y ésta queda totalmente enamorada.  Sí, cuando hablamos de “responder” queremos decir que de buenas a primeras, Melibea lo lleva a medianoche al jardín trasero de su casa para por fin tener sexo con él. Lo único que lo detiene es una reja, pero el muchacho que no es muy ágil y la calentura que era mucha, hacen que caiga mal y se mate enfrente de su amada.

celestina dos

     ¿Y aquí dónde está lo feminista? Pues bien, has de saber que en esa época no era tan fácil que dos amantes se dieran amor tan pronto, sino que había todo un proceso que incluía la dote, el matrimonio y otras cosas para poder dar a la mujer a un hombre. Melibea es un caso especial, de algún modo se emancipa de la sociedad y de sus códigos; además, decide sobre su cuerpo y su sexualidad. Es ella quien le ofrece a Calisto ir por ella para tener relaciones. Unirse carnalmente es sinónimo de unirse a la naturaleza. No en vano es Plutón quien la hechiza, un dios que es la representación de la muerte, de lo más natural que hay en la vida. No obstante, también es el dios de la abundancia y la riqueza, cosa que no sólo se refiere a lo monetario, sino a los placeres.

9788420676159     Melibea, en la desesperación, se sube a una torre y ahí toma la decisión de aventarse. Sólo así será uno con su amado. ¡Qué! ¿No que muy feminista? ¿Se mató por un hombre? Sí, de hecho, es la acción más feminista que toma. Es SU decisión suicidarse, violando la ley religiosa. Su deber era penar a su amado, pero ella no quiere sufrir por nadie, prefiere entregarse a la muerte y cumplir su deseo. Así como el sexo une a dos cuerpos, la muerte también puede unir a dos espíritus, aunque sea en el infierno al que seguramente fueron conducidos. Al primero por usar la brujería y la segunda por haberse quitado la vida por mano propia.

     El suicidio para Melibea es la culminación de un pensamiento renacentista, donde la razón impera y la mujer empieza una lucha que más adelante muchas autoras y personajes librarán. Melibea es, en efecto, la primera mujer feminista de la literatura.

Por Tonatiuh Higareda

 

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