Oscar Wilde fue a la cárcel por homosexual, ¿lo merecía?

Hace unos días se llevó a cabo la Marcha Nacional en Defensa de la Familia. Es el siglo XXI y las familias más tradicionales salieron a la calles para dos cosas: instar a la población homosexual a cambiar esas locas ideas de querer ser iguales a todos y la de exigir que la familia –ésa pura, patriarcal y de la vela perpetua– se mantenga igual que en los tiempos bíblicos, y quien no lo haga merecerá un castigo. Así, tal cual.

     Hablando de castigos, no es la primera vez que a una sociedad se le ocurre tremenda idea. Fuera de los romanos y los griegos que eran abiertos respecto a estos temas –o más o menos, la verdad–, la mayoría de las sociedades ha reprimido las preferencias sexuales de las personas; el ejemplo es Oscar Wilde, el famoso escritor, quien fue una de las muchas víctimas de estas leyes sin sentido.

Wilde

    Wilde también formaba, de algún modo, parte de esa familia tradicional que la época victoriana exigía. Había contraído nupcias con Constance Loyd en 1884 y de hecho se convirtió en padre de dos hijos, Cyril y Vyvyan Wilde. Nadie sabe a ciencia cierta si Constance sabía de las preferencias de su marido, pero sí se rumoraba del gusto por los muchachos del escritor inglés.

     A Wilde nunca le interesó mucho la opinión de los demás; de hecho, eran conocidos los rumores de que contrataba prostitutos y les daba grandes regalos a cambio de su compañía; aunque siempre se quedaban en eso, en rumores, ya que nunca nadie le pudo comprobar algún amorío o trato con los gigolos.

     La historia se pone más interesante cuando un día conoce a Alfred Douglas, llamado “Bosie” por sus amigos. Dicen que fue amor a primera vista, pero a sabiendas de la aristocrática familia de Bosie, quienes no podían entrar en ese tipo de escándalos, ambos prefirieron mantener la relación en secreto. Tanto así que el muy descarado de Wilde incluso llevó a Douglas a su casa. Constance jamás sospechó que su esposo de 37 años pudiera tener un amante de tan sólo 21.

bosie

     Sin embargo, quien sí lo sospechó fue el padre de Bosie: John Douglas, el marqués de Queensberry. Cabe destacar que este hombre era todo un personaje, pues no sólo era aristócrata, sino que también inventó las reglas del boxeo actual. Además, se rumora que desde la muerte de su primer hijo se la agarró contra el segundo; es decir, contra Bosie. Así que, muy atento al estilo de vida de Alfred, lo perseguía por todas partes para averiguar si en efecto era homosexual.

     El marqués de Queensberry tuvo varios enfrentamientos con Wilde, de los cuales Bosie estaba harto e incitó a su amante a que lo demandara. Así mataba dos pájaros de un tiro: se vengaba de los malos tratos de su padre y aseguraba a Wilde en la palma de su mano.

     El padre enfurecido por la certeza de que el escritor pervertía a su hijo, un día le dejó un grosero recado en el antro preferido del autor, que decía más o menos así: “A Oscar Wilde que alardea de sodomita”. Eso fue suficiente para que el dandy inglés le tomara la palabra a su amante y lo demandara.

juicio

     Ahí fue el acabose de Wilde, pues la demanda terminó en un juicio que Douglas ya tenía planeado y ensayado. El marqués declaró ante la corte que en un período de dos años Wilde había cometido sodomía con doce muchachos. Wilde sólo se limitó a ser apático y por ahí hay un rumor en que corrigió al marqués, diciendo que fueron más hombres. La corte, después de varias sesiones, lo condenó a dos años de prisión.

     Wilde perdió todo una vez que fue enviado a la cárcel. Su amante lo dejó, su esposa también e incluso lo obligó a renunciar a su paternidad. Lo único que nos quedó fue el gran texto De profundis. La balada de la cárcel de Reading, un texto para comprender la soledad y el abandono que el autor de El retrato de Dorian Gray experimentó. Cuando salió se mudó a París y murió dos años después, pobre y solo. Así, una vez más, la gran familia tradicional obtuvo su victoria.

9788420654911

Por Tonatiuh Higareda

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