Creer en vida extraterrestre sí tiene una explicación

Hace unos días el New York Times sacaba un artículo escrito por el astrofísico Adam Frank que discutía sobre la existencia de vida en otros mundos. Hablaba de los últimos avances en el descubrimiento de los exoplanetas y su atrevida modificación de la ecuación Drake, una fórmula que contempla distintas variables como la cantidad de planetas descubiertos por año, la tecnología posible de cada especie y la distancia de un planeta respecto a una estrella similar a nuestro sol.  El artículo daba la impresión de que por fin habíamos alcanzado lo que la ciencia ficción soñó hace tantos años.

Resulta interesante que si antes la ciencia ficción era la que se basaba en las últimas posibilidades que la tecnología podía ofrecer, hoy el proceso va a la inversa. El término ciencia ficción apareció en los años veinte del siglo pasado, fue acuñado por Hugo Gernsback. Sin embargo, nunca se imaginaría lo que esta corriente implicaría algunas décadas después, ya que luego de tantos períodos de posguerra, la necesidad de las sociedades por creer que había otros mundos por habitar se hizo más presente.

cienciaficciontres

En los inicios de la ciencia ficción se apelaba por llegar a otro planeta, lo cual se asocia con el sentimiento de desánimo sobre el futuro. De hecho, se puede remontar hacia finales del siglo XIX: Ahí tenemos a Nietzsche diciendo que el hombre mató a Dios y al expresionismo de inicios de 1900 con actitudes nihilistas e indiferentes en los personajes de Valle-Inclán o Kafka. Si Dios había muerto era obvio que surgiera la necesidad por una nueva figura superior.

Elementos aislados como el patetismo –heredado de las generaciones que sufrieron las guerras desde los periodos de conquista y las consecuencias de los nuevos modelos económicos–, la necesidad de una nueva fe y el miedo hacia un futuro incierto se unieron para crear un sentimiento social que devendría en las ideas de la ciencia ficción. No es en vano que haya tenido su boom en Estados Unidos, pues el protestantismo que dicta que la tierra donde están parados les fue dada y hay que trabajarla, no sólo tiene un tinte religioso, sino también político. Una tierra no es suficiente, pronto fueron los mares y los cielos; cada vez más alto, llegaron a creer que el espacio también lo era.

Nietzsche ataca de nuevo y la idea de un superhombre regresa renovado. Ya no es el hombre que está  más allá del bien y del mal, es una suerte de semidiós que está a merced del patriotismo más recio, los cómics de figuras con superpoderes inundan los puestos de periódicos y sustituyen a las historietas familiares y cómicas.  La ciencia ficción dio un giro y para entonces no sólo eran mundos descubiertos, sino también sociedades tan alejadas que se asemejan a la tradición de las utopías literarias.

cienciaficcionuno

Tiempo después llegó la Guerra Fría y nada sanó. Todo lo contrario, la carrera espacial y la armamentista contra la Unión Soviética sólo despertaron más miedo en la población. El terror por una guerra nuclear clamaba ya no por mundos a los que ir a habitar, sino a los cuales escapar.

Así como la fe religiosa, el culto a lo desconocido en el espacio tomó su cauce con más fuerza. Se crearon sus propios mitos e historias. A diferencia de lo que se cree, la narrativa de la ciencia ficción se construyó desde el seno de la sociedad y no al contrario; es decir, que la sociedad se vio llena de un día para otro de ciencia ficción. La literatura nunca será nueva en ese sentido, sino que es un reflejo del pensamiento generalizado de una época. Si la existencia de seres extraterrestres, como la de Dios, no podía ser comprobada, entonces se buscarían sus propios hechos y argumentos para corroborar su presencia.

Eventos que rayan en lo milagroso como el Caso Roswell son el ejemplo perfecto de cómo la necesidad de creer en otra cosa que respondiera a los cambios tecnológicos y al contexto sociopolítico llenó la literatura de mitad de siglo. Los autores se nutrieron de aspectos cada vez más de un retrato social exacerbado y las sociedades en otros planetas empezaron a tener, casualmente, los mismo problemas que la Tierra: el cambio climático, el problema de género, la controversia ética sobre usar tecnología en nosotros o para nuestra comodidad.

cienciaficciondosEl resultado fueron textos con una temática sobre crisis sociales en planetas fuera de esta galaxia. Es un error muy común pensar que la literatura de ciencia ficción fue escrita para niños y jóvenes, cuando en realidad se hallan subtextos indicando críticas profundas hacia la política, la economía y otros problemas sociales que ya empezaban a advertirse.

Así, la novela La mano izquierda de la oscuridad de Ursula Leguin, no sólo es sobre un debate de lo masculino y lo femenino, sino una discusión sobre el empoderamiento del género que hasta entonces se pensaba débil y la erradicación de los roles. El Juego de Ender no es sobre un niño que pelea contra alienígenas, sino una crítica de en manos de quién está el poder y sobre las acciones de conquista de las hegemonías. Crónicas marcianas y Guía del autopista galáctico no son sólo viajes al estilo aventurero, sino una reflexión sobre nuestro papel, casi al estilo romántico, del hombre respecto al universo y cómo él mismo es uno microscópico.

Quizá la ecuación de Drake no ha tenido éxito porque le sigue faltando una variable: el miedo y la necesidad de creer. Adam Frank resumió bien una fórmula que combina la astronomía con muchos otros fenómenos físicos, tal vez lo único que le faltó fue crear su propio subtexto como los literatos de ciencia ficción. Sólo así, tal vez, la astrofísica también podría  explicarnos por qué todavía queremos huir de nuestro mundo.

Por Tonatiuh Higareda

COMPARTE:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resolver : *
30 + 16 =