La tregua o de cuando en el amor no hay edades

¿Alguna vez has pensado a qué vas a dedicar tu tiempo cuando por fin puedas dejar de trabajar? De primera, es fácil imaginarnos la jubilación como el fin de nuestra esclavitud y fantasear con que viviremos en eternas vacaciones. Pero, ya que lo pensamos un poco más, una vida sin trabajo podría convertirse en una pesadilla schopenhaueriana que discurre entre el sufrimiento y el tedio.

 

Ésa es la gran preocupación de Martín Santomé, según lo cuenta en su diario. No, no invadimos la privacidad de nadie, estamos hablando del protagonista de La tregua, novela del famoso uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Faltan 6 meses y 28 días para que llegue la jubilación de Santomé, evento que lo hace reflexionar acerca de lo que ha vivido y le que queda por vivir. Los días pasan lento y nada parece motivarlo mucho, incluso confiesa no haberse sentido nunca feliz, hasta aquel día en que una nueva señorita entra a trabajar a la oficina. Poco a poco irá pasando de una relación meramente laboral a una intensa historia de amor.

 

Santomé narra su propia historia, lo que conocemos de este idilio es tan sincero y personal porque se trata, como ya avisábamos, del diario de nuestro protagonista. Esta sensación, de confidencialidad y privacidad violada, provocan que el lector se involucre realmente con la historia.

 

La sensibilidad con la que está escrita La tregua se mantiene siempre en el punto exacto, y el mismo Benedetti confesó –según lo recoge el estudio introductorio de la edición de Cátedra– que la gran dificultad de escribir esta obra consistió en mantener esa emoción legítima sin caer en lo cursi.

 

Sin duda alguna este relato es una pieza clave de la narrativa latinoamericana del siglo XX que ningún fan de esta tradición puede perderse.

 

Por Rodrigo Tamés

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