Bartleby, El escribiente: el romanticismo hecho ilustraciones

Todos conocemos el cuento de  Herman Melville, Bartleby, El escribiente. Un relato de Wall Street; pero Alianza Editorial lanzó hace un par de años una edición diferente: un libro de portada inmensa y un libro completamente ilustrado. Melville la publicó en 1856 en el libro de cuentos The Pizza Tales. Fue una compilación de cuentos diferentes, ya que después de su decepción con las críticas hacia Moby Dick —se percató de que nadie había entendido lo que quiso decir—, el autor quiso plantear temáticas nuevas.

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      El personaje de Bartleby ha tenido muchas interpretaciones tanto psicológicas como psiquiátricas y hasta filosóficas. La razón es que este singular personaje se volvió una figura icónica de la crisis del trabajador estadounidense por su frase característica: “I would prefer not to” (“Preferiría no hacerlo”). Aquella sentencia revolucionó, en términos de ficción, la determinación activa del personaje en la literatura hacia una vuelta al misterio de la vida íntima del ser. Lo hizo de manera romántica en un momento en el que el realismo rompía con la figura mística e incorporaba una visión crítica del hombre en la cotidianidad.

      Melville plantea la crítica estatal y contra la modernidad desde una antítesis, donde la acción principal de todo individuo moderno no consiste en trabajar, sino que trabajando, decide no hacerlo. Así, la demencia de Bartleby deja un vacío narrativo que se completa bajo una demencia activa; una que se produce en la reflexión del abogado, quien narra su experiencia con dicho personaje. Si en la crítica de la novela social existe un reclamo al medio laboral por parte del trabajador, ahora la crítica se lleva a cabo por parte del jefe.

      Más allá de esta introducción en esta reedición vemos dos nuevas lecturas: la primera, una traducción que devela una nueva profundización de la obra por parte de Arturo Agüero Herranz; la segunda, por parte del ilustrador canadiense Stéphan Poulin cuya obra más conocida se titula Ah Belle Cité publicada en 1985.

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     Lo que hacen las ilustraciones de Poulin con la obra de Bartleby es plantearla como una narración surrealista, género en el que se clasifica al ilustrador. Podemos dividir en dos maneras las ilustraciones que se emplean en la obra. Por un lado, encontramos escenas que se desprenden directamente de las acciones narrativas, donde los espacios y paisajes fungen como escenografías. En éstas hay un intento de ilustrar escenas cotidianas que conforme se continúa la lectura empiezan a hiperbolizar las características románticas —como los rostros que se trastornan debido a los conflictos sentimentales—. Poco a poco, las escenas ceden ante la sensación de desesperanza del personaje, dando un papel protagónico al espacio donde las figuras, en una acción minimalista, representan las conclusiones a las que va llegando la narrativa. De esta manera, Poulin enfatiza la fusión del personaje con su espacio laboral, el cual es conquistado desde su falta de acción: sin hacer nada, el personaje posee su pequeña oficina en Wall Street.

      El otro tipo de imagen a la que recurre Poulin nos recuerda los viejos usos de imágenes en las publicaciones periódicas decimonónicas, donde el grabado y la litografía eran las técnicas predilectas. Así, encontraremos una selección de elementos, en los que unos aluden a descripciones psicológicas de los retratos antiguos; otros, fungen como sinécdoques de la acción narrativa, donde un libro o una llave contienen en una parte el todo de la escena. La participación de estos elementos también nos devuelve al realismo, haciendo tangible un mundo que se había apartado de la crítica en el imaginario surrealista.

Por Olivia Schroeder

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