El diario de Ana Frank: ¿verdad o mentira?

Mucho se ha hablado en torno a la veracidad del diario de la adolescente holandesa Ana Frank. No obstante la fama que ha alcanzado este libro —la cual ha hecho que sea una lectura obligada cuando del Holocausto se habla— no ha sido impedimento para despertar polémica. Por ejemplo, el año pasado el debate sobre su autenticidad y la autoría han puesto a más de uno a pensar si realmente una niña de quince años pudo denunciar con tal agudeza el régimen nazi de la Segunda Guerra Mundial. Hoy la duda persiste y la Fundación de Ana Frank se empeña en seguir afirmando que la adolescente escribió todo.

Aunque, claro, con sus particulariedades. Uno de los puntos que no ha podido negar la Fundación son las diferentes versiones del texto. Hasta hoy se conocen tres oficiales: la versión de 1942 que hizo Ana en su refugio (denominado La casa de atrás) en los que se encontraban su familia y algunos amigos. Después, la de 1944, que según la historia “oficial”, fue ella misma quien seleccionó, cortó y adaptó para que el diario fuera más fluido. Todo con miras a que fuera publicado después de escuchar por la radio al ministro neerlandés decir que todo aquel que escribiera un diario, lo guardara.

La última versión es la editada por el padre de Ana, Otto Frank, que volvió a recortar y a omitir ciertas partes que él consideró demasiado íntimas; además, las adaptó al estilo de la casa editorial que pedía su publicación. Así, entre una y otra versión, los detractores afirman que poco o nada quedó de la esencia del diario original.

Cabe mencionar que Otto Frank nunca respondió a ninguno de los ataques de quienes negaban la autenticidad del libro. La Fundación tampoco ha podido responder sobre cómo la segunda versión quedó inconclusa y la última, publicada en 1947, hechura de Otto Frank, pudo haber sido más bien una versión del mismo padre. El argumento principal de la Fundación es que los documentos existen y pueden verse, pero cabe mencionar que entre éstos se hallan textos escritos con bolígrafo, lápiz y hasta mecanografiados, cosa difícil si pensamos que el original de Ana Frank sólo estaba escrito con lápiz y colores. Además de que se han traspapelado varias hojas de quienes han estudiado el diario.

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Desafortunadamente, la Fundación junto con el Instituto de Documentación de Guerra de los Países Bajos (NIOD) son quienes poseen los documentos y no han aceptado investigaciones recientes.

La pregunta obligada es “¿por qué?”. La Fundación tampoco ha dado respuesta; sin embargo, se ha especulado mucho y lo único que han resuelto es que quieren evitar que el Holocausto sea tema de descalificación.

De hecho, aseguran que aquellos que niegan el Diario de Ana Frank son en su mayoría personas que quieren demostrar con falsas bases que el régimen nazi no fue tan cruel como se describe en los registros de la adolescente.

El debate se reanimó el año pasado, cuando el diario pasaría a ser del dominio público y, por tanto, acabarían las regalías por derecho de autor, pues éstos según las leyes europeas expiran al cumplirse 70 años de fallecimiento del autor. No obstante, la Fundación declaró que eso no sucedería hasta el año 2050, ya que la única versión “oficial” es la de Otto Frank, quien murió en 1980. Respecto a las dos que escribió Ana Frank, afirmaron que no valían porque estaban inconclusas. Resulta curioso que esta respuesta haya salido cuando las ganancias que recibe la Fundación sobre el libro estuvieran en la pendiente.

¿No será acaso un debate sobre derechos de autor, lucro y privación de la información en lugar de veracidad y negación de uno de los eventos más catastróficos del siglo XX? Al final, la Fundación ha ganado y hoy en día el diario sigue en su poder.

Por Tonatiuh Higareda

 

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