El tren de la medianoche de Matt Haig, una novela que te recuerda que no tienes que esperar a morir para disfrutar tu vida

Reseña del libro El tren de la medianoche, de Matt Haig

El “hubiera” es un grillete para los que sobrepensamos mucho, de que quizá si hubiéramos tomado otra decisión, nuestra vida sería completamente distinta. Que quizá debimos haber aceptado aquel trabajo, seguido con aquella relación, viajado más o simplemente haber hecho las cosas de otra manera. Bueno, la novela El tren de la medianoche de Matt Haig toma ese pensamiento y lo sube a un tren, literalmente. 

Si La biblioteca de la medianoche nos preguntaba qué pasaría si pudiéramos vivir todas las vidas que dejamos atrás, aquí Haig plantea una pregunta distinta: ¿qué pasa cuando ya viviste una vida completa y tienes la oportunidad de volver a verla? 

La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece, porque quizá descubramos que no necesitábamos otra vida, necesitábamos aprender a mirar la que ya teníamos. 

¿De qué trata El tren de la medianoche 

Aquí seguimos a Wilbur Budd, un hombre de ochenta y un años que, después de morir, llega a una estación muy particular: la Estación Wilbur. Ahí lo espera Agnes, una antigua librera que ahora será su guía, y un tren que lo llevará a través de distintos momentos de su vida. 

El objetivo no es cambiar el pasado, sino observarlo. Wilbur vuelve a encontrarse con su infancia, su juventud, su familia, su carrera y, sobre todo, con Maggie, el gran amor de su vida. Cada parada funciona como una pieza de ese rompecabezas que llamamos existencia. 

Y aquí está una de las diferencias principales con La biblioteca de la medianoche. Nora Seed quería descubrir si existía una vida en la que pudiera ser feliz. Wilbur, en cambio, ya tuvo esa vida, una bastante buena, para ser sinceros. El problema es que durante buena parte de ella estuvo demasiado ocupado intentando conseguir algo más para darse cuenta de que ya lo tenía. 

La vida no son carreritas 

El conflicto de Wilber consiste en haber dejado pasar algunas cosas mientras perseguía otras. A través del tren, observa momentos que en su tiempo parecían pequeños como una conversación, una caminata, una tarde con Maggie, una canción, una comida, una visita al mar. Cosas que probablemente cualquiera podría considerar insignificantes hasta que las miramos desde el final. 

La novela insiste en una idea sencilla e incómoda: cuando una vida se ha elegido bien, hay que disfrutarla. No necesariamente porque haya sido perfecta, sino porque fue nuestra. 

Wilbur pasó mucho tiempo pensando en lo que faltaba, en lo que podía mejorar, en lo que vendría después, y, mientras tanto, algunas de las mejores partes de su vida estaban sucediendo justo frente a él. ¡Que no te pase! 

Un pequeño cameo que nos encanta 

El tren de la medianoche conecta directamente con La biblioteca de la medianoche. ¿Aquí? ¿En el Universo de la Medianoche? ¡Vaya sorpresa! 

Nora Seed aparece brevemente como la profesora de piano de Wilbur en sus últimos años. Es un cameo pequeño, pero muy bonito, especialmente porque Nora también se convierte en una especie de recordatorio del tema central de la novela. 

Wilbur está aprendiendo piano y ella insiste en que no debe correr, sino tiene que tomarse su tiempo, respirar y avanzar poco a poco. Resulta que esa lección funciona para mucho más que para tocar una canción. 

Retrato del escritor Matt Haig

El pasado no se puede cambiar, pero sí se puede mirar distinto 

Matt Haig vuelve a hablar sobre el arrepentimiento, el tiempo y las posibilidades, pero esta vez desde un lugar mucho más maduro. 

La biblioteca de la medianoche nos decía que podemos imaginar otras posibilidades y que nunca es demasiado tarde para intentar construir una vida distinta. El tren de la medianoche parece responderle “Sí, pero tampoco olvides vivir la que tienes”, porque siempre habrá otra posibilidad. Otra decisión, otra versión de nosotros mismos que pudo existir. El problema es que, si vivimos comparando nuestra vida con todas las que no elegimos, corremos el riesgo de no disfrutar ninguna. 

El tren de la medianoche es una historia sobre la muerte que, paradójicamente, habla muchísimo más de la vida. Tiene humor, momentos entrañables y Haig consigue hablar de temas existenciales sin convertir la novela en una clase de filosofía, porque al final, no trata de encontrar una vida mejor, trata de comprender la que vivimos y disfrutarla mientras todavía estamos a bordo. ¡Chu, chu! 

Khatia García